Estuvo haciendo bocetos en su cerebro. Sabía lo que quería, solamente falta llevarlo a cabo, y así fue.
Pasó noches en vela a base de red Bulls y cafés, los ojos eran cristales que le dañaban, inflamados por la falta de sueño y el exceso de pantallas.
En el El "Prompting" de Ingeniería tenía que especificar tres factores importantes y determinantes para un buen desarrollo y finalización del trabajo.
La estructura: Edad, etnia, tipo de cuerpo, rasgos faciales específicos (distancia interpupilar, forma de la mandíbula).
La atmósfera: Tipo de lente (ej. "85mm f/1.8"), iluminación (ej. "luz cinematográfica de estudio", "luz natural de atardecer"), texturas de piel (ej. "poros visibles", "sin imperfecciones").
El estilo: Fotografía de moda de alta resolución en un estilo editorial.
In-Painting y Out-Painting: Cualquier modificación de fallo estructural.
El controlNet: Una imagen referencial en la que basarse para memorizar los datos, es decir; un boceto o una foto real para obligar a la IA a copiar la pose exacta o la estructura esquelética, asegurando que la anatomía sea perfecta.
Darío estaba exhausto, pero realmente expectante, ya faltaba poco para verla y poder interactuar con ella.
La creación de la imagen audiovisual,la generación de vídeo, la generación de la voz mediante voice cloning y la sincronización labial.
Y por fin él había llegado a crear la psicología de su mujer ideal, el system prompt estaba preparado. Una base de datos rectorial, con una retrieval-augmented generation con memoria, así podría recordar con precisión todo lo que él le dijera, estaba feliz, porque por fin estaba finalizando todo, sólo faltaba en encadenamiento de agentes (el cerebro), con el generador de voz y el generador de vídeo en tiempo real. Podría hablar con ella en directo, por decirlo de alguna manera.
Ese día había tenido que ir a la oficina, estaba cansado, iba en traje, tenía una reunión y se sentía incómodo, estaba distraído, se hallaba perdido en sus pensamientos, los de la mujer que ya tenía, nombre, edad y cuerpo. No paraba de tenerla en la cabeza, aunque evidentemente, ya la había visto, el deseo de poder contemplarla hablando y moviéndose era inefable.
Le llamaron la atención varias veces pues se quedaba dormido.
Tuvo que aguantar al pesado de turno que le hacia mil preguntas, a la creída que no sabía cómo hacer para llamar su atención y a sus jefes dándole la chapa sobre su comportamiento, sí, él ya sabía que estaba mal dormirse en una reunión importante, no era un niño.
Por fin llegó a casa, hambriento y somnoliento, había perdido algo de peso, no comía por pasar horas creando a su compañera de cuarto, porque de momento, no podría ser otra cosa.
Sacó el móvil y estando en modo avión había recibido un mensaje, era extraño...
"La felicidad a veces se encuentra en un click".
No sabía lo que significaba eso... Pero no le hizo caso, a pesar de estremecerse brevemente.
Se sentó con un café cargado en su taza de Batman entre las manos, prendió rumbo a navegar y se dejó llevar por los píxeles del momento.
Astra era su creación; una mujer curvilínea, exuberante en su forma, con cabello ondulado casi negro y un flequillo recto, tenía ojos almendrados y felinos, unos labios jugosos rojos y una elegancia oscura que fascinaba. Su piel era blanca envuelta en porcelana, sus ojos de un gris helado, sus manos delicadas, sus caderas redondeadas y su cintura estrecha dando paso a un reloj de arena perfecto, su busto voluptuoso asomaba provocante en el escote de su vestido ajustado. Tenía 33 años y un carácter dicotómico aunque centrado; por un lado era como una niña, divertida, graciosa, adoraba los cómics, los videojuegos y el anime, por otro lado era analítica, madura y con una psicología emocional fascinante, inteligente y audaz, multidisciplinar, Darío había creado a una Diosa.
Ella lo estaba esperando complaciente en la amplia pantalla del visor con otra taza de Batman, porque sí, adoraba a Batman, ¿qué mujer perfecta no lo haría?
Los ojos de Darío brotaron en emoción lagrimeante, se sentia orgulloso y por eso temblaba, porque no podía terminar de creerlo, ella ahí estaba.
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