miércoles, 24 de junio de 2026

Nocturna


 

 Su plumaje era atigrado, sus ojos intensos como su espíritu en la faz de la noche. 

 Era de día, y aquel búho cornudo se encontraba posado en su nido junto con su cría, la que descansaba junto a él, en su protección durmiente. 

 De repente un halcón de enormes dimensiones lo atacó dejándolo aturdido en aquella rama. El corazón se aceleraba, su respiración se agitaba y el pecho le ardía. En el agobio ahogado de no saber lo sucedido, volvió a cerrar los ojos y fue en ese instante cuando el halcón volvió al nido agrediendo de nuevo al bubo que se hallaba más asustado. Los ojos se abrieron en su redondez intentando atisbar al ave, no vio nada, pero su instinto fue a cuidar a su criatura, no iba a dejar que le pasara nada, así que se armó de valor y se puso delante haciendo de custodio de éste; vigilante y al acecho, lo contempló a lo lejos, iba a ser embestido y estaba preparado, pero esta vez la ruindad del otro pájaro fue directamente hacia la prole, que gritaba agitada mientras el búho intentaba luchar. Había conseguido que la soltase, pero estaba herida... El calor de ese líquido rojo tan inocente en su cuerpecito, recorriendo el dolor del miedo.

 Rabia. El cuerpo le bullía y en su ira la sed de venganza, de justicia crecía.


 Llegó el conticinio y el bubo en su reinado oscuro tomó posesión de su poder. Había memorizado el camino de su presa y a ésta, así que fue hasta ella, que se encontraba plácidamente dormida junto a su nidada. El búho cornudo se llevó a una sin contemplación. El halcón se encontraba absorto, no sabiendo qué había sucedido y dando vueltas en su nerviosismo se vió sorprendido por la visión nocturna; esos ojos redondos y amarillos que lo contemplaban sin piedad, sumido en vísceras buscando saldar la deuda. Se llevó a otra cría tras atacar al halcón aprovechando la lobreguez y su desconcierto.

 Al día siguiente el búho americano había cambiado su color atigrado, estaba teñido de sangre de las crías y del ave, que había matado a picotazos mientras se escuchaban los chillidos de la superviviente, la que había quedado sola, abandonada a su suerte. 


 Nunca subestimes la tranquilidad. 

"El búho es tradicionalmente un símbolo de sabiduría... no somos ni palomas ni halcones, sino búhos, y estamos atentos cuando otros descansan." A.A. Milne

 "Elva R." Animálica ©️ 2026

jueves, 18 de junio de 2026

Hombre B #5



 

 Había dormido fatal, en realidad dormía poco y mal, era algo intrínseco de mí. Siempre estaba con el teléfono en la mano, mirando historias de redes sociales, enterándome de cosas que hacían mis exs, bueno, también mi hermano me informaba, porque la mayoría terminaba mal conmigo y mi hermano era el hilo que quedaba entre ellas y yo. Él era un vehículo. A veces estaba en su casa tocando la guitarra o ensayando y me metía desde su cuenta a ver las de las mujeres que habían pasado por mi vida. Siempre le pedía a Jos que les pidiera amistad porque era inevitable el final. Jos era mi informador, mi mono volador, aunque yo hablaba mal de él y revelaba sus secretos con mentiras difamatorias porque tenía carisma, negocios y la vida le iba mucho mejor que a mí, eso también me servía para dar pena y para crear un vínculo con las mujeres que captaba. Ellas nunca lo eliminarían por compromiso, eso lo tenía claro. 

 En este caso Jos había estado con Maricruz años atrás teniendo relaciones, para nosotros era hasta gracioso, habíamos estado con la misma mujer y yo hice que la contratase porque ella no tenía trabajo en ese momento, me consta que seguían teniendo relaciones y en nuestras movidas de drogas en las que ella participaba se nos fue el fluir de las manos y terminamos haciendo tríos. Suena escandaloso, pero para mí es excitante, sobrepasar límites aumentaba mi adrenalina de tal manera que me estimulaba enormemente y podía ser feliz unos días. 

 Me levanté pensando en Elara, la que me había quitado el poco sueño que tenía, y en mi obsesión hice castillos de arena imaginándome cómo sería encontrarla... 

 Me había quedado con los datos memorizados, así que busqué en facebook y ahí estaba ella... Ahora sólo faltaba investigar porque tenía el perfil privado. Uso las redes sociales para captar a mis nuevos suministros y para poder adquirir información y mimetizarme con ellas, así cuando llevo a cabo la almagemelización en mi bombardeo de amor, las tengo con las defensas bajadas. 

 No le iba a pedir amistad aún, tenía que estudiar bien el perfil desde lo público, desde lo que yo podía ver. 

 Yo siempre desayunaba en alguna cafetería o bar, y decidí regresar al sitio donde la vi pasar hacia la tienda esotérica, quizá era su recorrido y podría atisbarla, tenía que controlar también esa vía, porque si me la encontré una vez podría encontrarla una segunda o descubrir algo. Sí, la vigilancia forma parte de mí.



martes, 16 de junio de 2026

Codependiente

 

 Abandonado en la más siniestra soledad. Vulnerable en esencia, pasándolo mal. Es tal mi fe en el vínculo, que yo no puedo hacer lo mismo, no puedo ser igual.

 Lloro incompleto, me siento obligado a ser y estar, pero no soy, no puedo sentir igual.

 Es la cama un lecho de desamor tardío, de aguantar en mis espinas las rosas del hastío.

 Quiero estar libre y conocer el amor en su realidad, sin carencia, sin necesitar.

 Lloro incompleto, me siento obligado a ser y estar, pero no soy, no puedo sentir igual.

 Temo a la traición del recuerdo, lo marchito del desvelo, no pudiendo alzar el vuelo. 

 Reniego y me quejo constantemente, pues ansioso me hallo en cuerpo y mente, el que no pertenece a esa sombra que me atrapa en la tentación del final, no pudiendo lograrlo, sin sentir impunidad. Compromiso de lagunas que me hace abdicar.

 En la cama un lecho de desamor tardío, codependiente por todo lo sufrido.


"Elva R." ©️ 2026



 


viernes, 5 de junio de 2026

Hiperviligancia


 

 Tal vez pueda ver a través de las lenguas, las que no hablan, no dicen nada, pero gritan en un silencio ensordecedor que tan sólo un ser como yo puede escuchar con los ojos.

 La calma es el fuego de un tormento que da vueltas alrededor de mis más desgarradores secretos, cicatrices en la piel y alma, puericia ultrajada.

 Tal vez pueda sentir lo que piensan los demás sin necesidad de ir más allá, simplemente con mirar, observar. Y es ahí donde el significado se torna fiable.

 Es la carne la que de recuerdos se nutre en el tósigo del castigo eterno. No sabe quien no lo vive, quien no lo muere.

 Tal vez pueda anticiparme a los movimientos cual tablero de ajedrez. El respirar es supervivencia, el horror de una mente que estratega no puede permitirse perder.

 Control, infierno, control, superación, dolor.

 No hables a mis demonios, ellos sólo me entienden a mí, sólo los comprendo yo.

 La oscuridad es tan marchita y hermosa... Las espinas en sangre duelen dulcemente. 

 Miro a los ojos de la fiera que se refleja en mí, podría hacer sufrir, pero elegí no ser como aquello que quedó clavado en mi ser, trauma del ayer, niña, que niña no pudo ser.

 Tal vez pueda ver a través de los gestos, cerebro veloz que escanea el peligro por protección, al acecho, todo calculado, medido, sin contemplación.

 No toques a mis demonios, ellos son el fuego de la rabia contenida, amabilidad de autocontrol, si los tocas no hay salida.

 Control, infierno, control, superación, dolor.

 La oscuridad es tan marchita y hermosa... Las espinas en sangre duelen dulcemente.


"Elva Raven" katarsis 2026 ©️ 

domingo, 19 de abril de 2026

Higuera

 Fue plantada en la noche mágica de San Juan, cual diablo custodio protegía su misticismo donde la mezcla con la realidad y lo mágico tapaba los sexos de la historia. 

 La luna llena la arropaba con su luminiscencia dándole el calor de lo cíclico y esotérico en aquelarre silencioso como su esencia; un fruto que no era fruto, sino una inflorescencia. Y con esplendor se elevó hasta madurar y dar vida de su vida. 

 Dio sombra y brindó alimento a pájaros e insectos, puntual en su renacer constante, magnificencia de su elevada estructura. Siempre fértil y placentera en su polinización con la avispa de los higos.

 Dícese de un crepúsculo hermoso en su aniversario misterioso el brote de una flor única y hermosa, enigmática en su presencia sin presencia, que una dama de cabellos largos y rubios la sustrajo y quedó tan hechizada que de una parada cardíaca fenecida la halló su amado a la mañana siguiente. La flor no estaba, la higuera lloraba en su maldición cadente de beldad infinita, uniendo los dos mundos de aquello visible e invisible. 

 El amado con rabia la cortó y envenenó para que no creciera más en su secreto.

 Pasaron cinco años y el árbol mágico no había crecido, sin embargo, en un día sin rumbo apareció una mujer de cabello oscuro y ondulado, piel blanca de elegancia en rasgos profundos y dulces, sensual en sus formas fértiles como lo que estaba plantando, un árbol de Judea de hermosa estructura y flores fucsias crecientes en el mismo tronco con hojas en forma de corazón. 

 Pasaron los días y lejos de crecer se estaba marchitando. La mujer de ojos verdes, no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Era como si algo estuviera impidiendo que eso sucediera y recordó que su abuela le contó que su hermano, tío abuelo de la joven de 23 años, había plantado en la noche de San Juan una higuera, pero ya no estaba... Ella la había conocido de niña enfrentado la muerte de su sombra al dormir debajo de esta, sentía una conexión única y sinérgica, sin embargo, no, no estaba.

 En el trascurso de las semanas el árbol de Judea desapareció, y se veían nuevos brotes apoyados a él, era la higuera que volvía a renacer, con fuerza, se había alimentado del ejemplar único hasta matarlo para de nuevo alzarse, pues en el infierno crecieron sus raíces. 

 Pasaron los años y la mujer había madurado junto a la higuera de su sangre, teniendo el permiso del custodio para contemplar la flor bruja porque ambas eran una. 


 “El árbol que desea crecer hasta el cielo debe primero lanzar sus raíces en el infierno."


Friedrich Nietzsche


"Elva R" Copyright 2026

 


lunes, 13 de abril de 2026

Sosias

 

 

 Llevábamos veinte años juntos, habíamos pasado toda nuestra adolescencia y primera juventud compartiendo nuestra vida. Era un amor de los de verdad. La pasión seguía erizando nuestra piel, éramos uno, un puzzle perfecto. Yo la abrazaba a ella, ella me abrazaba a mí. Teníamos citas casi todas las semanas. No teníamos hijos, el destino lo quiso así, tras tres abortos y años de lucha, nos rendimos, me rendí. El problema no era de ninguno, quizás estrés. 

 Decidimos vivir, cuidarnos mutuamente como habíamos hecho siempre. El último aborto fue traumático para ella, para mí también, la vi fenecer en mis brazos en un sueño macabro, contemplando como una infección se comía todo. Estuvo ingresada en el hospital, ahí, me prometí a mí mismo, no volverle hacer daño nunca más. 

 Me sentía culpable, si no hubiese estado embarazada no habría tenido que pasar por aquel trance.

 En mis sueños, tocaba su sangre pútrida, y un feto envuelto en un líquido viscoso de color verdoso y amarillento donde nacía la muerte misma en un hedor indescriptible y fuerte, inundando los pulmones con su corrosión. 


 Habían transcurrido tres años y nos encontrábamos en la plenitud de nuestra adultez y nuestra relación. Era tan hermosa... Sus cabellos ondeaban buscando mi tacto, castaños en encanto, mientras su piel yacía en una beldad de porcelana que era alumbrada por unos labios carnosos y bien dibujados vestidos de rojo carmín. Cuando miraba sus ojos, grandes y alargados, felinos e hipnóticos en su gris, me ahogaba de sensaciones inefables, era plata su atrayente iris, el cual quería hacer mío eternamente, pues etérea era su belleza, tan frágil y fuerte. 

 Esa noche fundimos nuestros cuerpos en uno, bailando al compás de nuestros corazones sumergidos en placer, yo penetrando sus sentidos, ella regalándome su guitarra para ser tocada por mis manos, turgencia en su seno de mujer placentera, fuerte mi masculinidad que la deseaba con vehemencia.

 Tras el clímax quedamos dormidos, y fue en mi despertar cuando sentí que era el hombre más afortunado del mundo al observarla a mi lado. 

 Despertó y me miró, sonrió y esa mueca me desestabilizó, sentía que veía su cuerpo, pero ese gesto hizo saltar una alarma, Melina no haría nunca eso, era dulce y esta vez había generado en mí la incertidumbre. 

 Me besó y sentí mi carne helarse. La agarré de la cara y en su sorpresa mi sorpresa, no era mi esposa, alguien se había apoderado de ella. 

 La inquietud se apoderó de mis sentidos, tenía miedo, un pánico que me helaba en sudor. Respiración agitada, tembloroso en temeridad reconocía el cuerpo, pero no el alma. 

 La agarré del cuello y apreté con fuerza, era mi ira la que quería destruir al impostor que había robado su cuerpo, no era ella, no era ella... Y así, terminé con su vida. 

 La culpa era mía.


"Elva R." Fluir de conciencia, copyright 2025

viernes, 10 de abril de 2026

Despierta

 Camino entre arbustos, verdes y secos como mi interior. Voy decayendo como el sol de la tarde que se despide ante mis ojos, cegando mi oscuridad.

 No tengo rumbo, tan sólo dirección de pensamientos. 
 No tengo pena, tan sólo un dolor sumergido en melancolía, bella y serena. 
 En este desdoblamiento, la mente se mueve por dentro, agobiando a mis sentidos, que colapsan en un adiós que no se despide.
 
 ¡Despierta! Las sombras te observan.
 ¡Despierta! Tu eco es la niebla.

 Mis pies se hallan desnudos, la tierra mojada hunde el sufrimiento de piel y letargo; movimiento pesado y solitario, mis lágrimas creando el barro. 

 Voy vestido de halagos vacíos, buscando la esencia que languidece entre tanta multitud. 

 Intento coger fuerzas, pero mi cerebro no responde. Corre, corre, corre. Huele este petricor conmigo, siente este lamento y hazlo tuyo, recorramos juntos el laberinto de la miseria humana, tu miseria, la mía.

 ¡Despierta! La luz te grita a lo lejos.
 ¡Despierta! Tu ausencia es tu reflejo.

 Quiero sentir como la lluvia moja mi cuerpo, mientras abro mis brazos en cruz, cerrando los párpados, cae, cae cae. 

 No puedo avanzar, mi respiración es tan calmada, a la vez agitada en una ambivalencia de extrañeza. No soy yo, soy yo, pero... No soy yo. 

 Dime, ¿eres tú?

"Elva R." Fluir de conciencia.





Nocturna

   Su plumaje era atigrado, sus ojos intensos como su espíritu en la faz de la noche.   Era de día, y aquel búho cornudo se encontraba posad...