Estaba ahí, mirando tarots. Sus manos eran finas y tenía las uñas pintadas de rojo, como sus labios. Podía percibir el olor de su perfume, dulce y atrayente, tal como parecía ser ella.
Me llamó mucho la atención que estuviera en una tienda esotérica observando tarots. ¿Era tarotista? No lo sé. Lo que sí percibía en ella era un misticismo que me envolvía.
Agarró un tarot y se dirigió a pagar; tuvo que pasar por mi lado. Sus ojos de joya se cruzaron con los míos: eran potentes, penetrables; sentías como te atravesaban y te desnudaban el alma. No pude aguantar la mirada.
—He visto que no tenéis un oráculo que ando buscando, ¿me lo podéis pedir? —dijo ella con una voz endulzada en beldad.
—Sí, no hay problema, podemos traerlo. Dime tu número de teléfono para avisarte y tu nombre; te llamaremos en unos tres días —respondió la dependienta—.
Su nombre: Elara Noctis. Tan misterioso como ella. Pude memorizar su teléfono; no podía dejarla escapar así, sin más. Tenía que hacer por conocerla.
Yo había adquirido una vela negra, sólo por coger algo y ponerme a su lado. Ella me miró, parecía extrañada, o al menos esa impresión me dio. No dijo nada, pero nuestras miradas se volvieron a cruzar. Me ponía nervioso y me costaba disimularlo: Estoy acostumbrado a ocultar emociones, forma parte de mí; mi sistema no puede mostrarse. Mi vulnerabilidad es mía, y si la muestro, es para crear vínculo de dependencia y manipulación activa, utilizando la empatía del otro como regulador de mi yo. Así podía generar dependencia y hacer pensar a la otra persona que me estaba salvando o que podría lograrlo con el tiempo. Sin embargo, era imposible: Mi identidad ya estaba creada en base a validación externa, porque desde pequeño no tuve un eje referencial sólido en mi primer apego; no hubo permanencia de objeto, y tenía que buscar atención y colocarme una coraza para tapar mi herida.
Elara se despidió muy amablemente. Era muy educada, y noté en ella una pronunciación y un vocabulario culto. La sentí como un espejo, porque yo hablaba así; era algo distintivo de mí, una superioridad intelectual que podía usar para cualquier conveniencia.
Salió de la tienda. Pagué ansioso y salí tras de ella.
"Elva R." 2026 ©️
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