El yo que se acababa de levantar era físico completamente, la res extensa que podía tocar y sentir, eso significaba que la res cogitans era la que se había despertado previamente, y de esto se dieron cuenta ambos en su dualidad, ya que, el que había sentido angustia tras el sueño era más traslucido, quizá, por eso, había podido contemplar desde el espejo el portal abierto de su plano reflectario.
Se miraban perplejos intentando comprender lo que sucedía y se pudo entender algo, desunidos y desubicados no podían operar desde su centro, complejidad consciente del inconsciente.
Se analizaban mutuamente, el mental, nervioso y activado, dando paso al corpóreo más tranquilo y cauto, no podían tocarse, tan sólo observarse e intentar acoplarse desde un eje imaginario.
La parte física comenzó a hablar — ¿Puedes escucharme? Sé que puedes verme.
El yo mental no podía escuchar nada, estaban en diferentes ángulos.
El yo físico, decidió ir hacia el espejo, temeroso de lo que estaba ocurriendo, un poco activado, pero centrado, alzo la mano derecha hacia el espejo y el otro hombre hizo el mismo gesto, no podían tocarse, pero algo había sucedido; una frecuencia fuerte había entrado en la mente, el cuerpo le estaba diciendo que no quitara la mano, pero era insoportable, el cuerpo miraba fijamente a su propio doble.
Una energía comenzó a aflorar, luminosa, caótica, y en su frente un destello de luz empezó a irradiar todo.
Mientras se observaban, la luz mostró un sueño, eran imágenes entremezcladas, bonitas y densas, lúcidas, dinámicas, luego entró en una transición oscura, salvaje, pesada y delirante.
El reflejo inició a resquebrajarse, la mente no podía ver, pero sí oír, no era capaz de aguantar más tiempo ese sonido, fue entonces cuando retiró la mano para taparse los oídos y ahí todo se nubló, el espejo estalló y el cuerpo enloqueció.
Daba vueltas sin saber qué hacer ni adónde ir, agarrando trozos de cristales rotos, mirándose buscando una señal; no había nada, todo se había esfumado.
Era la primera vez en que se había atrevido a mirarse por dentro, enfrentando el miedo de conocerse, y ya, nada quedaba.
Entre llantos y alaridos, despertó en sudor frío, estaba en la cama de nuevo, incrédulo, se incorporó, palpando su rostro, inquieto, desregulado. — No puede ser —. Fue ligeramente hacia el cuarto de baño y comprobó que todo estaba en orden, se quedó inerte, observándose lentamente, tocó el espejo, y con lágrimas en los ojos dijo — soy yo—. Una voz en su cabeza respondió diciendo — sí, eres tú, soy yo—. Todo estaba bien, aunque se dio cuenta de que había una pequeña grieta en el lado derecho del espejo... ¿Había sido real o sólo un sueño?
La mente y el cuerpo deben de alinearse y no separarse, aunque temamos encontrarnos con nuestro yo en penumbra, la dualidad forma parte del ser humano y conocerse a uno mismo implica integrar lo negativo a lo bueno.
Por otro lado como bien decía René descartes en su obra "el método" la res cogitans, es la sustancia pensante sin extensión, mientras que la res extensa es la sustancia material sin pensamiento, es por ello que deben unirse y fusionarse de manera identitaria y para ello hay que analizarse a uno mismo, con sus luces y sombras, porque el que no se conoce se pierde entre ellas.
"Elva R." Copyright ©️ 2026

.png)






