viernes, 3 de abril de 2026

Psicopatizada


 

 Nos encontramos en una era extraña, donde la manipulación forma parte del día a día. Carencias sumidas en soledad y ahogadas de ego que solamente pretenden encontrar fanes que les rieguen de validaciones para llenar ese vacío que vada vez es más vacuo.

 Te dan atención y después te la quitan, creando un vínculo dopaminérgico en base a recompensas variables hackeando tu núcleo accumbens y alterando tu hipocampo secuestrando a tu amígdala. Es decir, te vuelven adictos a ellos, de sentirte dentro de su aprobación y consigo te hacen pensar que eres válido.

 El cerebro humano no está preparado para una disonancia cognitiva y necesita tener una versión, lo que crea este tipo de vinculación tóxica es meramente eso; dos pensamientos contradictorios ante una búsqueda de recompensa, al no saber qué está sucediendo, tu psique busca una certeza y por eso se queda expectante a lo que vienen siendo migajas sofisticadas.

 Somos números, hay muchas opciones, la mayoría de ellas de fácil acceso; porque ya no se valora el alma y ni siquiera el cuerpo. Se le entrega a desconocidos pensando que es bueno, cuando una conexión energética se da y crea ese vacío existencial que sigue buscando placeres porque no hay autoconocimiento ni amor propio. Es todo tan fácil que se ha perdido el valor y es todo tan accesible que ya la lucha es repudiada, es algo no contemplativo para una mente que no está sana, porque guste o no, ese sistema basado en manipulación es derivado de una mente enferma. Lo sano no lleva a cabo ese tipo de procedimientos. La autoestima es presencia, no es juego, no lo necesita.

 Gente que se aleja para generar incertidumbre y ansiedad, algo tan repulsivo a mis ojos y tan identificable... Y contemplo un mundo psicopático, execrable, degradante sin esencia, penetrado vilmente por la arrogancia y la superficialidad, porque cuando no hay nada que ofrecer... Es lo externo aquello que vale de gancho y es la artimaña la que le prosigue en ese engranaje absurdo que hace daño a personas buenas.

 Escupo indiferencia, es lo que el ego no quiere.


"Elva R." ©️ 2026


 

martes, 31 de marzo de 2026

Jardín



 Operaba desde su paciencia pasiva alada; un cuervo de gran belleza y ocultismo. Tenía una mente audaz en su estrategia, con una memoria eidética y una capacidad de ejecución metódica; él era símbolo de la vida y la muerte, de fortaleza y dualidad, podría sacarte los ojos a picotazos, pero disfrutaba  manipular.


 En su vuelo atisbó a un gato tan negro como él. Era brillante, con unos ojos verdes hipnóticos cual bruja perseguida en el medievo; portaba la mirada esotérica del saber. 


 Era una gata elegante, silenciosa y acechante; inteligente en su amenaza no advertida, indiferencia selectiva, amorosa e interesada que conseguía lo que deseaba.


 Esta gata estaba observando a un ratón que se estaba comiendo las sobras pasando desapercibido, ese era su talento, estar presente escondido. 


 Era un ratón de un tono gris, con un largo rabo, y unos ojos redondos y vibrantes en su azabache. Se encontraba en un jardín, al lado de una casa. La basura se hallaba fuera, en una bolsa preparada para ser tirada. Él comía de lo que podía conseguir de esos desechos.


 El cuervo sobrevolaba la escena, le había llamado la atención como la gata había escogido a una presa, pero más le había hecho gracia que ella era su elegida.


 Al otro lado de la valla, un lobo hambriento en aquel atardecer de cuento, era jaspeado en diversos tonos de marrones y tenía un olfato agudo como todos sus sentidos; la rabia de lo mundano y la temeridad de sus colmillos afilados.


 El lobo había olido la basura y también identificado a otros animales. Él era jerárquico en su estatus, sabía que le sería fácil.


 En el lateral de la casa había una perra mestiza de color blanco puro. De su collar rojo caía un colgante en forma de patita con el nombre de "Regina". Era la compañera de la gata, se habían criado juntas.


 Regina estaba escarbando intentando de recordar con la ayuda de su olfato dónde había dejado un hueso hacia unos días atrás. Era lealtad férrea, protectora y veloz.


 El cuervo se dio cuenta del lobo y afloró su instinto; necesitaba atraerlo para poder obtener alimento de su carne.


 El ratón escuchó un sonido acercándose a él... Tembló al sentir el sonido de la hierba siendo levemente pisada, y el corazón se aceleró tanto que pétreo quedó. Tenía detrás a la gata que iba a poner fin a su insignificante vida. Mientras tanto, el lobo entraba saltando en impulso y el ave meticuloso estaba creando una estrategia con aquello que estaba a punto de acontecer, sí, se estaba adelantado al drama de la sangre que iba a ser derramada.


 La fiereza en su esplendor tomó por sorpresa a la gata que ya tenía en la boca al ratón, este seguía vivo, no le había hecho daño. Sentía caer las babas en su pequeño cuerpo mojado de angustia, respiraba entrecortado sin saber lo que estaba pasando. 


 Sintió los colmillos afilados en su piel; hemoglobina yaciendo en el verdor de un triste final. Era fuerte, vehemente, sentía todo caliente, dolor y sufrimiento en un mordisco eterno.


 Cayó al suelo en derrota, escapando el ratón por el susto. Su pelo estaba empapado, jadeando en alaridos, con sus ojos opacados. El lobo había sido atacado por la perra que se encontraba al otro lado. Lo había visto entrar saltando, era consciente de su hambruna y de su impulsividad. La gata había quedado ilesa, soltando al ratón y salvándolo del cuervo ya que se había percatado de su incesante vuelo y aquel pájaro se quedó hasta el final viendo cómo su comida iba a ser lo que había imaginado.


 


"Siempre hay alguien mirándote: el panóptico de Foucault".


"Elva R." ©️ 2026 



sábado, 21 de marzo de 2026

Sueño #3


 

 El yo que se acababa de levantar era físico completamente, la res extensa que podía tocar y sentir, eso significaba que la res cogitans era la que se había despertado previamente, y de esto se dieron cuenta ambos en su dualidad, ya que, el que había sentido angustia tras el sueño era más traslucido, quizá, por eso, había podido contemplar desde el espejo el portal abierto de su plano reflectario.

 Se miraban perplejos intentando comprender lo que sucedía y se pudo entender algo, desunidos y desubicados no podían operar desde su centro, complejidad consciente del inconsciente.

 Se analizaban mutuamente, el mental, nervioso y activado, dando paso al corpóreo más tranquilo y cauto, no podían tocarse, tan sólo observarse e intentar acoplarse desde un eje imaginario.

  La parte física comenzó a hablar — ¿Puedes escucharme? Sé que puedes verme.

 El yo mental no podía escuchar nada, estaban en diferentes ángulos.

 El yo físico, decidió ir hacia el espejo, temeroso de lo que estaba ocurriendo, un poco activado, pero centrado, alzo la mano derecha hacia el espejo y el otro hombre hizo el mismo gesto, no podían tocarse, pero algo había sucedido; una frecuencia fuerte había entrado en la mente, el cuerpo le estaba diciendo que no quitara la mano, pero era insoportable, el cuerpo miraba fijamente a su propio doble. 

 Una energía comenzó a aflorar, luminosa, caótica, y en su frente un destello de luz empezó a irradiar todo.

 Mientras se observaban, la luz mostró un sueño, eran imágenes entremezcladas, bonitas y densas, lúcidas, dinámicas, luego entró en una transición oscura, salvaje, pesada y delirante.

 El reflejo inició a resquebrajarse, la mente no podía ver, pero sí oír, no era capaz de aguantar más tiempo ese sonido, fue entonces cuando retiró la mano para taparse los oídos y ahí todo se nubló, el espejo estalló y el cuerpo enloqueció.

 Daba vueltas sin saber qué hacer ni adónde ir, agarrando trozos de cristales rotos, mirándose buscando una señal; no había nada, todo se había esfumado.

 Era la primera vez en que se había atrevido a mirarse por dentro, enfrentando el miedo de conocerse, y ya, nada quedaba.

 Entre llantos y alaridos, despertó en sudor frío, estaba en la cama de nuevo, incrédulo, se incorporó, palpando su rostro, inquieto, desregulado. — No puede ser —. Fue ligeramente hacia el cuarto de baño y comprobó que todo estaba en orden, se quedó inerte, observándose lentamente, tocó el espejo, y con lágrimas en los ojos dijo — soy yo—. Una voz en su cabeza respondió diciendo — sí, eres tú, soy yo—. Todo estaba bien, aunque se dio cuenta de que había una pequeña grieta en el lado derecho del espejo... ¿Había sido real o sólo un sueño?

 La mente y el cuerpo deben de alinearse y no separarse, aunque temamos encontrarnos con nuestro yo en penumbra, la dualidad forma parte del ser humano y conocerse a uno mismo implica integrar lo negativo a lo bueno.

 Por otro lado como bien decía René descartes en su obra "el método" la res cogitans, es la sustancia pensante sin extensión, mientras que la res extensa es la sustancia material sin pensamiento, es por ello que deben unirse y fusionarse de manera identitaria y para ello hay que analizarse a uno mismo, con sus luces y sombras, porque el que no se conoce se pierde entre ellas.


"Elva R." Copyright ©️ 2026

jueves, 19 de marzo de 2026

El gato

 Negro brillante encarnado en su destino solitario y sofisticado. Silente, con unos ojos alargados, felinos, de un verde intenso, brujo. En sus bigotes la agudeza; su cola era larga y elegante, a veces traviesa. 

 Negro su misterio, hechizante al verlo. Se había refugiado en un hábitat protectivo. No era para todos, pues su inteligencia trascendencia la barrera de lo invisible y lo visible. Dual, y místico, era un gato grande y ya entrado en madurez, aunque ligero en su movimiento, más raudo era en su pensamiento.

 Tenía la experiencia de los años, había aprendido de errores y sobrevivido a temores, también había perdido varias vidas y por eso protegía la última que tenía.

 Siempre cazador. Siempre hambriento, pero sumido en su lamento. 

 Las lunas lo veneraban, ya que lo conocían de ir montado en la escoba de su dueña, junto a ella. 

 Se habían encontrado en el desconcierto del mundo; en una noche de inframundo. Ella con su voluptuosa magia, él con su lealtad sin arrogancia. Era su guardián, su compañero en soledad, amuleto de vida que aspiraba el mal.

 Caballero con pelaje suave, le gustaba ir de copiloto ascético, sobrevolando la personalidad y el porqué del movimiento, de lo mundano. Gato de conocimiento, que luchaba contracorriente en la oscuridad que contemplaba a distancia con desconcierto porque tenía claro que él servía al universo, libre y eterno.


Para ti, gato negro 🖤🐱.


 "Elva Raven" ©️ 2026

 


sábado, 14 de marzo de 2026

Faby


 

 Una hermosa oveja se había entretenido comiendo hierba y había perdido de vista al rebaño, no sabía cómo volver y no paraba de buscar de un lado a otro un camino cuál escoger.

 Estaba ansiosa. El corazón le latía con vehemencia, se escapaba se su caja torácica, no podía dominarlo. La angustia era escalofrío entremezclado, frío y caliente, algo inefable.

 La tarde yacía sobre ella en sus últimas horas y esto le hacía tener aún más temor.

 Corría, volvía, corría, volvía, iba, regresaba, daba vueltas sobre sí misma desesperada.

 A lo lejos asomaba un lobo negro enorme de colmillos afilados y ojos brillantes, eran rojos, aunque sus pupilas se encontraban tan dilatadas que no se veían apenas.

 Se acercaba lentamente de un modo casi elegante a la oveja, que pétrea había quedado del pánico al darse cuenta de su presencia.

 El animal afilado se paró frente a ella dándole a entender que no le iba a hacer daño y dándose la vuelta le hizo un gesto para que lo siguiera, sin embargo, la oveja no podía moverse, era presa del pavor porque sabía que iba a ser comida.

 Sus ojos llorosos lo decían todo. Eran sus últimos instantes antes de ser devorada.

 El lobo se volvió a detener y a mirarla, incrédulo. Comenzó a rodearla olisqueando, ese olor le era conocido, conocía a su rebaño.

 Al instante apareció el pastor ya entrada la incipiente noche. Llevaba una linterna e iba hacia ella corriendo y gritando su nombre.

 — ¡Faby! ¡Faby! 


 Despavorida dio un brinco y salió corriendo de allí. Se había salvado, no sería comida por aquel animal, que quedó sorprendido porque tan sólo quería ayudarla.

 Días más tarde, el colmilludo se hallaba sentado frente a la casa del amo de Faby, pero la oveja no estaba. Sí, se había salvado del lobo, pero no del pastor.


"Elva R." Copyright ©️ 2026



martes, 10 de marzo de 2026

Hombre B#4


 

 Desapareció, la perdí entre los coches. Mi rabia estalló, me frustra muchísimo no poder conseguir lo que deseo y a ella la deseaba, tenía que conseguir establecer contacto con ella, fuere como fuere.

 Estuve unos instantes dilucidando qué hacer al respecto y me fui para casa en mi Seat Ibiza del año 2003. Un coche plateado que me negaba a cambiar, yo cuando me aferro a algo es para siempre.

 Llegué a casa y me recibió mi perro muy contento, aunque le costaba moverse porque era anciano. Era un yorkshire de doce años llamado Odi.

 No vivía solo, mi madre enferma era mi compañera, la estaba cuidando a cambio de quedarme en su casa, pues no tenía dónde caerme muerto. No había construido nada a lo largo de mi vida. No había ahorrado, había vivido con varias mujeres y siempre había terminado mal, aunque ellas nunca me podían olvidar; esa era la idea, crear una dependencia para siempre y por si me apetecía regresar al no encontrar un suplemento mejor. Aquí yo las seleccionaba por tipos de jerarquías; combustibles primarios; esas eran las que destacaban en belleza y estatus, las que eran fuertes y especiales, me costaba más trabajo llegar a ellas, pero merecía enormemente la pena. No me podía permitir perder a una mujer así, eran ellas las que me descartaban a mí y en mi profundo dolor inefable, tenía que buscar las que para mí eran suministro puente o de transición. Esas eran las de acceso fácil, las traumadas y necesitadas, las que tenían complejos o un pasado caótico. A mí me servían para regularme; eran instrumentos que me subían el ego y me ayudaban a poder sobrellevar el dolor por haber sido dejado por una mujer importante. También me servían para triangular a las combustibles primarios, solían reaccionar y haber broncas o reclamos, por eso siempre estaban presentes en mi vida; yo era el dueño de sus mentes, de la dopamina que alimentaba nuestro ciclo, un círculo vicioso inagotable hasta que yo decidiera si merecía la pena seguir así. Si el esfuerzo era superior al beneficio no lo podía permitir, me agotaba enormemente y decidía salir definitivamente de ahí. 

 Reconozco que fui muy promiscuo, siempre lo he sido. Necesito sentirme deseado, eso me ha traído problemas. Una vez una mujer con la que me acosté un par de veces inventó un embarazo para que no la dejase, yo simplemente la había utilizado, y sí, todas mis relaciones íntimas eran sin precaución, yo no sentía temor a nada, no era consciente de los peligros que eso acarreaba y esas mujeres tan sólo eran desechadas o guardadas como trofeos en mi vitrina.

 El alcohol y las drogas formaban parte de mí, había sido adicto y no me sentía orgulloso de nada, sentía una pena vacua que no me dejaba vivir. Era una vergüenza agónica, que necesitaba tapar y sin darme cuenta creaba nuevos círculos tóxicos y viciosos, porque yo no podía cortar el mío.

 Sabía que era débil. Mi personaje estaba muy estudiado y estructurado, pero con el trascurso de los años me sentía cada vez más cansado y me costaba conseguir a mujeres que merecieran la pena. Y así había dado con Maricruz, una mujer a la que se la había cepillado medio pueblo y era muy deseada, hasta mi hermano se había acostado con ella hacia unos años atrás, pero como yo no tengo escrúpulos, me daba igual, de hecho nos reíamos. Sí, yo me reía de la gente y para mí el respeto era simplemente una palabra y algo que merecía yo y nadie más. 

 Maricruz fue un suministro puente, una transición. Tenía el cabello largo castaño, ojos verdes y el pecho operado, bótox en los labios y era delgada, muy delgada. No tenía trabajo estable, era divorciada y madre, había tenido diversas relaciones y se drogaba. Simplemente era lo que había podido conseguir tras mi última ruptura y evidentemente, ya estaba en paralelo con ella mientras veía como mi relación terminaba, yo no podía permitirme estar solo; eso me angustiaba. Maricruz era siete años mayor que yo, me daba igual esa diferencia de edad, era deseada por muchos y yo pensaba que me había llevado un trofeo, y bueno, tenía casa propia, yo vivía con ella en intervalos de tiempo, pues las idas y venidas eran constantes, por eso ahora estaba con mi madre de nuevo. 

 Dios, no podía dejar de pensar en Elara.

 


"Elva R." Copyright ©️ 2026

domingo, 8 de marzo de 2026

Óbito


 

 Él tocaba las almas y se las llevaba al otro lado, donde el sufrimiento se pierde entre la belleza del cosmos, y el ser deja de ser carne para transformarse en luz. Con solo tocarte podía transformar la respiración en sopor, la vida en agonía, las horas en eternidad.

 No tenía distinción. No había edad ni belleza. No había raza ni dinero que pudiera librarse de ella, si esta se fijaba en ti y posaba sus frías manos en cualquier tramo de tu piel, serías el siguiente en su lista.

 Vestida con un manto negro, podían visualizarse sus huesos entre una especie de piel traslúcida y a la vez opaca. No tenía ojos, sus cuencas eran el terror de lo vacío y su rostro estremecía hasta al más fuerte, sí, te estoy hablando de la muerte. 

 Siempre iba con un cuervo apoyado en su hombro izquierdo, era el portador de noticias entre los dos mundos.

 En una noche nebulosa, había sentido el horror de una de sus llamadas, no sabía cómo, pero era avisado enérgicamente para escoger quien sería la próxima alma y había sido llamado para ir a la casa de una mujer joven. 

 Se hallaba con fiebre extrema entre agónicas convulsiones, sudores gélidos que generaban espasmos. Padecía de ergotismo, había comido pan en mal estado por un hongo llamado el conerzuelo. Le quemaba por dentro y sus extremidades habían empezado a mostrar gangrena, era extraño sentir sudores fríos y a la vez como tu interior arde entre las llamas de sufrimiento extremo. Ya no habían alaridos, tan sólo el dolor anestesiado del final entre alucinaciones. Temblorosa, agarraba su cabello negro intentando arrancárselo; tenía una melena negra que recorría su voluptuoso cuerpo el cual estaba ataviado con un camisón blanco, no más blanco que su tez. Sus labios habían perdido el color y sus ojos azules el brillo. En la punta de los dedos la negrura de la afección comiéndose la vida en podredumbre envuelta en un fétido hedor.

 El óbito contemplaba la escena, fue la primera vez que sintió pena.

 No podía tocarla, pero no podía contemplarla así, sumida en putrefacción. 

 Ella lo reconoció sin necesidad de hablar, se observaron mutuamente entre el paralelismo de la existencia y la etereidad, sabía que iba a ser llevada por él, que no podía escapar.

 Era tal la beldad de la juventud, de la fertilidad hecha curva que no pudo posar sus huesudas manos en ella. 

 Los familiares estaban esperando, habían ido a recogerla los que ya se habían marchado, todos intentando que el tránsito fuera lo mejor posible, ansiosos por poder volverla a abrazar y algunos conocer.

 El cuervo se posó en su regazo, mirando a su amo que había decidido sacrificarlo dándole la salud perdida a la dama, para no tener que matarla. 

 El animal cayó fulminado en lo terrenal, y el milagro se hizo desde el amor que no se podía dar.

 Él dejaba verse, ella había entendido lo sucedido y en un arrebato de agradecimiento quiso abrazarle, el óbito se negó y se fue, aunque estaría volviendo más veces para poder verla desde la sombra de su anhelo, ya que la ansiaba en lo carnal y en el interior de un sentimiento.

 Si la tocaba moriría, el amor se cuida, se atiende, se sacrifica cuando en verdad se quiere, y si quererla era no poder acariciarla ni besarla estaba dispuesto, él era feliz por primera vez y si ella estaba sana él estaba más que satisfecho, aunque la deseara intensamente. 

 Su compañero yacía entre sus manos, y era la primera vez que padecía de tristeza. 


"Elva R." Copyright ©️ 2026

 

Psicopatizada

   Nos encontramos en una era extraña, donde la manipulación forma parte del día a día. Carencias sumidas en soledad y ahogadas de ego que s...