Estaba situada en lo alto de una colina, donde había un abismo entre la realidad y la fantasía; era su fortaleza la resistencia inamovible de su no sentir, sin embargo, albergaba una sensación de que se estaba perdiendo en su propia estructura.
Era una piedra grande, de color grisáceo y pesada, muy pesada; y allí estaba, contemplando cómo los pájaros volaban o se posaban sobre ella, sin reaccionar, tan sólo era una roca solitaria, alejada del resto del mundo.
En su interior yacía la añoranza de lo que sería ser apreciada, no solamente utilizada de descanso o alivio para cualquier ave cansada; ella estaba viva, y la trataban como si estuviera fenecida.
Su carácter era reservado, la protección, su silencio, sin embargo, deseaba gritar que existía, pero no se atrevía.
En un día nublado, una ráfaga de viento se dio cuenta de su existencia; era una roca brillante, vibrante en su conformación, los pájaros la respetaban e intentaban acercarse, hasta se posaban, y se miraban en aquel brillo. Era dureza en beldad.
El viento quería poseerla, que fuera suya en su naturaleza, y así fue como se acercó a ella intentando moverla, pero era imposible, se notaba un anclaje férreo en la tierra, sería difícil sacarla de ahí sin hacerle daño, y eso era lo que no quería, dañarla.
Él sabía que tenía un poder elevado y que si quería podría conseguir que saliera de allí, pero, ¿cómo hacerlo sin zaherir a los demás que formaban parte de aquel maravilloso paisaje?
Pasaron los días y el aire, cada vez estaba más enamorado de la roca, la ilusión de lo que podría ser y no era, de dos elementos tan diferentes... No obstante, el deseo de poder sentirse cerca de ella y de verla en un lugar mejor, no cesó, y así fue cómo con todas sus fuerzas sopló y sopló. La roca, comenzó a desprenderse intentando aferrarse al suelo, temerosa por romperse. El viento con confianza elevó su estado enérgico y por fin pudo arrancarla por completo, moviéndola ligeramente, cuidándola desde su voluntad, la estaba salvando de la soledad.
La gran piedra estaba con miedo observando un mundo que no había visto antes: árboles en flor, el verdor de los prados, animales pastando y casas. Fue la primera vez que se sintió eufórica, más viva que nunca.
Se tranquilizó y comprendió todo; el aire la estaba llevando a otro lugar, donde realmente debería pertenecer.
En efecto; suavemente el viento la fue recolocando a la salida de un bosque donde los árboles eran enormes, el sol no podría dañar su belleza ni opacar su brillo, la sombra podría cuidarla, y el río, los pájaros y animales acompañarla. El viento por allí a menudo pasaba, así que podría admirarla y acariciarla, porque realmente la amaba.
Y así fue como la roca y el viento se compenetraron; fortaleza y dualidad, tierra y aire, en su afinidad.
* El amor se cuida, se arriesga, se integra, quien te quiere hará lo imposible para no hacerte daño, para protegerte, cuidarte y estar siempre ahí.
"Elva R." ©️ 2026



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