El momento había llegado. Lo que parecía una simple historia se había consolidado.
Empujando a la vida, el exterior sin salida, corazón latiendo entre llanto pulmonar, son las entrañas del destino, buscando el amor en un suspiro.
Evocación, dolor espasmódico, temor, pues la muerte pasa por debajo la cama siete veces antes de ver la luz.
Respiración entrecortada, jadeando, dejando espacio para la próxima contracción, es arduo el momento de transición.
Cerrando los ojos entre temblores fantasmagóricos, en un plano tan débil, todo corre, corre... Y el sueño no hace efecto, es desgarrador sentir el escalpelo.
Es el órgano en el pecho, el que reclama a gritos su derecho y decide pararse en ese lecho inhumano y frío, donde las batas blancas y el olor a sangre se dilata, un segundo, dos segundos, el desgarro de las siete capas; la piel, la grasa, la fascia, los músculos, el peritoneo parietal y peritoneo visceral hasta llegar al útero.
Riesgo, es el máximo riesgo. Urgencia, es la máxima urgencia. Todo cambia en un segundo embriagado de anestesia.
Reanimación; mientras nace la existencia se pierde la creación.
Gira, gira, la mente desdoblada, no hay salida.
Los minutos transcurren mientras el adiós se atormenta para volver al cuerpo, colapsando en respiración sofocada por el llanto externo que ha salido del interior.
Milagro, etereidad ayudando, simbiosis de energías trabajando.
Coser, coser el daño de aflicción, mientras la obra es apreciada, comienza la función.
Las madres por cesárea, sobre todo las que han tenido una cesárea de urgencia, son seres de otro universo porque saben lo que es el pánico, el hilo tan fino y trasparente que hay entre la vida y la muerte. Siguen corriendo el riesgo tras alumbrar de manera clínica lo más preciado. Es un shock, en un postparto insano. Es una asimilación de un nuevo yo en un reseteo del cableado, aun estando bajo la mirada de la parca hasta pasados unos meses, con secuelas, con dolor, con llanto. Siguen fuertes en su misión; criando, asimilando y luchando por no derrumbarse ante algo tan perturbador.
Las cesáreas no son una broma, es el éxtasis del submundo del amor.
A esas mujeres que encontraron la vida en un adiós que no se dio.
Qué nadie os baje de vuestro altar, porque no hay comparación.
"Elva R." Copyright ©️ 2026




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