jueves, 26 de febrero de 2026

Cenit

 

 La enfermedad se la llevó, apoderándose de su cuerpo, se fue marchitando cual rosa con sus espinas. 

 La vida de mi vida, el corazón que hizo latir el mío en alumbramiento, se paró entre toses de lamento y esputos de dolor.

 No pude conocerla, aunque guardo en mi esencia los dos años de pertenencia.

 La belleza roja que me embriaga.

 Fue la segunda oportunidad la que llegó a mis días, pero la efimeridad volvió a ganar la partida. Se fueron los brazos que me arropaban y me dejaron solo ante el desprecio de un hombre que me odiaba.

 En la unión de la consanguinidad, pude conocer el amor en mi prima hermana, beldad infinita que enfermó y feneció, la misma tragedia, el mismo padecimiento, toses, esputos sanguinolentos, delirios de sufrimiento, en los que me ahogo en mi lecho.

 Mujeres fantasmas me persiguen, soñadas, añoradas, en la templanza bebida y embriagada por el alcohol que huye conmigo en mi mente, donde vuelco el petricor de mi lluvia, tierra que huele a noche húmeda, ojos que se cierran ante la desdicha amarga.

 ¡No es locura lo que se piensa nítidamente!

 Un cuerdo es un loco atrapado entre las cuatro paredes oscuras de la realidad.

 ¡Es la realidad cruda mi destino! Penas sumergidas en letras mojadas de lágrimas fantasmagóricas.

 Curvas que me atolondran, con el vaivén de la femineidad. El pulso se me agita, la garganta me asfixia, se cierra ante tanta soledad.

 Es el opio mi existencia, lo que plasmo abstracto en decadencia; pluma que ve y se proyecta, paisajes que me envuelven elevando mi alma hasta el éxtasis del yo que desconozco.

 Escribo para sobrevivir, pues el vacío es tan lleno en mi interior que esta plenitud me hace morir lentamente.

 No es ficción, mi mundo es onírico, lóbrego, denso. Introyección de trauma vívido, que se cierne sobre mis tentaciones y redenciones.

 Difícil es mi condena, pues entre cuervos, gatos negros y damas asustadizas, el gusano se transforma en oda y la oda en mi tragedia, elegante y lúcida.

 Soy un príncipe desposeído de mi riqueza.

  Erudito de un gran conocimiento, me dispongo a agarrar mi pluma, hermosa en su forma, transportadora de escenas. Hay dos velas encendidas a mi derecha, y una copa de absenta más abajo de esas luces. Me hallo en una biblioteca, la madera es señorial, aunque algo vieja, como mi ánima cansada de respirar. Me encuentro sentado al lado de un ventanal, la noche es exquisita en la fascinación de su manto místico, mi desvelo es su observador, ella contempla mis escritos, como a ella la adoro yo. 

 Es mi respiración entrecortada un paso de la desgana hacia la tumba. Vestido con un traje negro, como el gato que penetra las pesadillas en catalépticas, las que irrumpen para llevarme con ellas. Mi camisa es blanca, con un cuello alto y cerrado adornado con una especie de pañuelo enrollado. La pulcritud de la decencia limpia. 

 Miro hacia el ventanal, mientras toco mi corto bigote con los dedos, no pienso, me elevo.

 Me dejo llevar por el opio y la bebida de los malditos, esa hada verde, armoniosa y delicada, ardiente y degradada, desgraciada.

 Tintura opiácea que vuela melancólica.

 Siento como el tiempo se dilata, en mis pupilas se afila la visión horrible de las horas muertas y las alas negras. 

 Escucho el crujir de la madera tan penetrante, mis odios agudizan cada sonido, puedo escuchar el latir de mi vacuo órgano.

 ¡Desespero! ¡La agonía es tan punzante!

 ¡Sálvame! ¡La agonía es tan hermosa! 

 Puedo tocarla con mis manos, nebulosa en su forma.

  Los colores son hirientes... Pues negro es mi sentir, alado y picudo, yendo hacia el abismo de mi zaherir.

 Lavo mi culpa en agua fría, lo que ahogo en pena sucia.

 Es el cuarto trago de mi decadencia existencial, no puedo vivir, el terror es tan irreal que de realidad me perturba. 

 Es esta hiperestesia sangrante que se acopla al ser de mi lamento, que de tormento me anestesia, llegando a romperme en mil pedazos una y otra vez.

 Contemplo en mi delirio como un búho me escucha desde el exterior, melodioso, con esos ojos profundos. Me acerco y abro el ventanal, el frío tétrico del manto eterno congela hasta mis entrañas y atisbo a lo lejos un entierro de sombras silentes, el muerto soy yo.


Para ti, mi lector🖤🌹


"Elva R." Copyright ©️ 2026 



 

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