sábado, 10 de octubre de 2026

La Santa compaña #1


 

 Mis pies descalzos se hundían en la tierra húmeda, los arrastraba cansado, ya que llevaba muchos kilómetros caminando. 

 Lloviznando y con el gélido ambiente yacido en noche, me encontraba sudoroso, asustado y con ganas de huir en cualquier dirección, sin embargo, no me hallaba en soledad, sino que estaba acompañado y amenazado...

 Los búhos ululaban siendo testigos de mi condena. Los lobos se apartaban sumidos en temor dejando atrás su fiereza. La luna se ocultaba entre las nubes intentando esconderse sin lograrlo, y yo temblaba de frío, de calor, de espanto.

 El ambiente era silencioso, ceremonioso, eso lo hacía más tétrico.

 La niebla acariciaba mi rostro en su densidad, a veces me golpeaba, otras no me dejaba respirar. Las lágrimas inundaban mis castaños ojos, de donde brotaban el libertad alimentando la tierra de pena. 

 Sentía como mi corazón se aceleraba, como los latidos intentaban escapar de aquello, pero no podían, se quedaban agolpados en aquella jaula de huesos que pronto serían alimento de animales hambrientos, o eso sentía, porque estaba condenado a vagar y vagar sin saber cual era exactamente mi destino. 

 Caí al suelo, pues mis rodillas no pudieron resistir más el peso de esa cruz y en desesperación quebraron. 

 Sentí el tacto de sus manos, frías y huesudas, agarrando las mías para ayudarme a levantar, y fue al alzar mi cara y dirigir mi mirada a la suya cuando el horror, se cernió sobre mí ahogándome en un grito sordo, no tenía ojos.

 Abruptamente desperté en mi cama sin saber lo que había sucedido, no recordando nada, aunque un cansancio inefable recorría todo mi cuerpo, sentía como si hubiera estado caminando toda la noche, me dolían las rodillas y los pies, y observé que tenía como una especie de moratón en uno de ellos, también tenía marcas en mis manos, era como si algo o alguien me hubiera apretado.

 "Elva R." Copyright 2026

 

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