martes, 31 de marzo de 2026

Jardín



 Operaba desde su paciencia pasiva alada; un cuervo de gran belleza y ocultismo. Tenía una mente audaz en su estrategia, con una memoria eidética y una capacidad de ejecución metódica; él era símbolo de la vida y la muerte, de fortaleza y dualidad, podría sacarte los ojos a picotazos, pero disfrutaba  manipular.


 En su vuelo atisbó a un gato tan negro como él. Era brillante, con unos ojos verdes hipnóticos cual bruja perseguida en el medievo; portaba la mirada esotérica del saber. 


 Era una gata elegante, silenciosa y acechante; inteligente en su amenaza no advertida, indiferencia selectiva, amorosa e interesada que conseguía lo que deseaba.


 Esta gata estaba observando a un ratón que se estaba comiendo las sobras pasando desapercibido, ese era su talento, estar presente escondido. 


 Era un ratón de un tono gris, con un largo rabo, y unos ojos redondos y vibrantes en su azabache. Se encontraba en un jardín, al lado de una casa. La basura se hallaba fuera, en una bolsa preparada para ser tirada. Él comía de lo que podía conseguir de esos desechos.


 El cuervo sobrevolaba la escena, le había llamado la atención como la gata había escogido a una presa, pero más le había hecho gracia que ella era su elegida.


 Al otro lado de la valla, un lobo hambriento en aquel atardecer de cuento, era jaspeado en diversos tonos de marrones y tenía un olfato agudo como todos sus sentidos; la rabia de lo mundano y la temeridad de sus colmillos afilados.


 El lobo había olido la basura y también identificado a otros animales. Él era jerárquico en su estatus, sabía que le sería fácil.


 En el lateral de la casa había una perra mestiza de color blanco puro. De su collar rojo caía un colgante en forma de patita con el nombre de "Regina". Era la compañera de la gata, se habían criado juntas.


 Regina estaba escarbando intentando de recordar con la ayuda de su olfato dónde había dejado un hueso hacia unos días atrás. Era lealtad férrea, protectora y veloz.


 El cuervo se dio cuenta del lobo y afloró su instinto; necesitaba atraerlo para poder obtener alimento de su carne.


 El ratón escuchó un sonido acercándose a él... Tembló al sentir el sonido de la hierba siendo levemente pisada, y el corazón se aceleró tanto que pétreo quedó. Tenía detrás a la gata que iba a poner fin a su insignificante vida. Mientras tanto, el lobo entraba saltando en impulso y el ave meticuloso estaba creando una estrategia con aquello que estaba a punto de acontecer, sí, se estaba adelantado al drama de la sangre que iba a ser derramada.


 La fiereza en su esplendor tomó por sorpresa a la gata que ya tenía en la boca al ratón, este seguía vivo, no le había hecho daño. Sentía caer las babas en su pequeño cuerpo mojado de angustia, respiraba entrecortado sin saber lo que estaba pasando. 


 Sintió los colmillos afilados en su piel; hemoglobina yaciendo en el verdor de un triste final. Era fuerte, vehemente, sentía todo caliente, dolor y sufrimiento en un mordisco eterno.


 Cayó al suelo en derrota, escapando el ratón por el susto. Su pelo estaba empapado, jadeando en alaridos, con sus ojos opacados. El lobo había sido atacado por la perra que se encontraba al otro lado. Lo había visto entrar saltando, era consciente de su hambruna y de su impulsividad. La gata había quedado ilesa, soltando al ratón y salvándolo del cuervo ya que se había percatado de su incesante vuelo y aquel pájaro se quedó hasta el final viendo cómo su comida iba a ser lo que había imaginado.


 


"Siempre hay alguien mirándote: el panóptico de Foucault".


"Elva R." ©️ 2026 



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