miércoles, 15 de julio de 2026

El lobo y el cuervo


  Era un lobo mayor que había perdido a su manada, no era líder, nunca lo había sido. Caminaba solo, perdido entre la maleza de una noche de otoño. Las hojas de los árboles comenzaban a desprenderse de éstos. 

 Su pelaje era canoso, había sido un lobo negro hermoso, brillante, sus ojos ya estaban sumidos en cataratas, pero su olfato seguía guiándolo. 

 Llevaba noches sin dormir y se había dado cuenta de que estaba dando vueltas sobre el mismo lugar una y otra vez. En uno de los árboles, un cuervo lo miraba silente, era listo y observador, ya tenía sus años, aunque se conservaba bien y su audacia no había decrecido. Su cognición seguía latente, suspicaz y en modo estratega de manera natural. Se hallaba contemplando al lobo desde hacia varios días sin que éste se diera cuenta, no obstante, esta vez quería ayudarlo porque ya eran varios días vagando sin rumbo y sin apenas comer. Con valentía se posó en su lomo y el animal de cuatro patas brincó de un susto, aunque había recordado una señal valiosa... Una norma no escrita entre ambas especies, los cuervos cuando se posaban en los lomos de los licántropos era porque estaban dando señal de presa fácil cerca... Así que el lobo en su instinto de supervivencia fue hacia donde le guiaba el ave, que extrañado atisbaba como aquella bestia no podía orientarse bien. Es por ello que cuando dio con la presa, un conejo blanco que se había quedado inmóvil debido al temor del momento, el cuervo se lanzó y le sacó los ojos con vehemencia. La sangre salpicaba caliente todo, las hojas se encontraban de color rojo vibrante, los chillidos del pobre animal en pureza siendo atacado sin piedad por el pájaro que desplegaba un odio inefable. 

 Tras dejarlo casi muerto, fue hacia el lobo y le dijo  —Ahí tienes tu sustento viejo amigo. Los años han pasado, pero mi lealtad y mi memoria nunca podrán olvidar lo que hiciste por mí siendo una cría. Has quedado ciego y torpe, pero yo seré tus ojos y tus oídos para orientarte. El lobo en un flashback se inundó de adrenalina y las lágrimas bañaron sus ojos. Cuando era joven encontró a un pequeño cuervo moribundo en una tarde de invierno donde la nevisca era constante. Decidió cuidarlo en vez de comérselo y lo llevó con él hasta que alzó en vuelo.  —Siempre has sido un solitario, pero ya nunca volverás a estar solo—. 

*La lealtad es una decisión, una resolución del alma. (Pascal Mercier)


"Elva R." Animálica ©️ 2026

El lobo y el cuervo

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