Plateada en su universo estrellado, plena como el manto que la sostenía, aparecía de diversas maneras en aquella oscuridad tardía, vibrante, penetrante, oscilante.
Danzaba en su silencio, mientras escuchaba los sonidos de la noche; los búhos, los grillos, los murciélagos que intentaban llegar hasta ella sin conseguirlo. Era soñada por muchos, mística en su esencia y adorada por las almas solitarias y profundas.
A veces el deseo era participe de su luz, arropando la clandestinidad de los amantes que buscaban su brillo en sus calenturas, era testigo de cuerpos entrelazados, de amores, de pecados, tan sólo observando en su eje, ambientando las angustias, el terror o las ilusiones.
Vestida de frío, permanecía esplendorosa, elegante y voluminosa.
Para los lobos era el desahogo en aullidos, para los locos, el chispazo de lo intenso, para las criaturas era su misterio, el símbolo de lo esotérico y el aquelarre del embrujo eterno.
La presencia sin necesidad, enamorada de la luz que se permitía regalar, sin embargo, en su soledad, era consciente de que no podría llegar al día para encontrarse con esa estrella candorosa y peligrosa que se hallaba cerca de la tierra. Ella se conformaba cuando los tres se alineaban en una sinérgica contemplación, donde se amaban en el trascender del tiempo, sin temor.
"Elva R" ©️ 2026

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