lunes, 23 de febrero de 2026

Carmín

 

 Me encontraba en ese pasillo, en una oscuridad tenue, ya que había un resquicio de luz que salía de la ventana del cuarto de baño. Era la luna contemplando mis deseos, los de no querer formar parte de este mundo.

 Había una caja de pastillas en mi mano, unos somníferos que me harían dormir eternamente. 

 La bañera estaba preparada, emanaba un olor calido a hierbas, quería que mi relajación fuera profunda, tanto, que la sangre se impregnara de ellas, y en esa dulzura yacer deliberadamente, fría en un baño sin lágrimas, elegantemente melancólica.

 Me miré al espejo; la serenidad de mis ojos en su reflejo, la trampa de la vida que no es vida en un escenario de terciopelo, tan suave, tan frágil, tan aparente...

 Mis labios en carmín rojo besaron el cristal, era un adiós a mí misma, ya no habría despertar.

 El final era tan desconcertante... El reloj parecía temer detenerse en esta alegoría decadente del ser que no quiere seguir siendo.

 Sufrimiento, corría por las venas el desespero que crecía cada vez más, había que cortar.

 Me introducí en la bañera, con una canción de fondo, tan sensual como la espera de mi inframundo.

 Ya dentro, tomé una pastilla, y empecé a mirar el agua y mis muñecas sumergidas, no, no había salida.

 El pecho... Caliente, sofocado, agobiado. La inseguridad, angustia, anhelo y deseo entremezclado, es la parca de mi alma que me atrapaba, pero no podía, no podía, y volví a tomar otra dosis de sueño.

 Mi mente empezó a bailar, es el néctar de la intriga, del paso a dar.

 Agarré mi muñeca izquierda, mientras mis pupilas se agrandaban en ceguera, y pude atisbar a lo lejos, en ese hueco de luminiscencia, como alguien me acompañaba. En soledad esa presencia me juzgaba.

 Era su cara delicada, ataviada en palidez nocturna, sus cuencas tétricas y sombrías, de dónde sale tierra, la que agarraba con sus manos huesudas, y su boca... Su boca cosida, intentando abrirse en un esbozo sin salida.

 El horror se apoderaba de mis entrañas, no había escapatoria, lo que iba a ser una lipemanía agónica y liberadora, se había transformado en una pesadilla delirante, 

 ¡Vivir! ¡Quiero vivir! 


 Eso grité mientras me vi a mi misma allí...

 

 

"Elva R." ©️ 2026

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