jueves, 26 de febrero de 2026

Cenit

 

 La enfermedad se la llevó, apoderándose de su cuerpo, se fue marchitando cual rosa con sus espinas. 

 La vida de mi vida, el corazón que hizo latir el mío en alumbramiento, se paró entre toses de lamento y esputos de dolor.

 No pude conocerla, aunque guardo en mi esencia los dos años de pertenencia.

 La belleza roja que me embriaga.

 Fue la segunda oportunidad la que llegó a mis días, pero la efimeridad volvió a ganar la partida. Se fueron los brazos que me arropaban y me dejaron solo ante el desprecio de un hombre que me odiaba.

 En la unión de la consanguinidad, pude conocer el amor en mi prima hermana, beldad infinita que enfermó y feneció, la misma tragedia, el mismo padecimiento, toses, esputos sanguinolentos, delirios de sufrimiento, en los que me ahogo en mi lecho.

 Mujeres fantasmas me persiguen, soñadas, añoradas, en la templanza bebida y embriagada por el alcohol que huye conmigo en mi mente, donde vuelco el petricor de mi lluvia, tierra que huele a noche húmeda, ojos que se cierran ante la desdicha amarga.

 ¡No es locura lo que se piensa nítidamente!

 Un cuerdo es un loco atrapado entre las cuatro paredes oscuras de la realidad.

 ¡Es la realidad cruda mi destino! Penas sumergidas en letras mojadas de lágrimas fantasmagóricas.

 Curvas que me atolondran, con el vaivén de la femineidad. El pulso se me agita, la garganta me asfixia, se cierra ante tanta soledad.

 Es el opio mi existencia, lo que plasmo abstracto en decadencia; pluma que ve y se proyecta, paisajes que me envuelven elevando mi alma hasta el éxtasis del yo que desconozco.

 Escribo para sobrevivir, pues el vacío es tan lleno en mi interior que esta plenitud me hace morir lentamente.

 No es ficción, mi mundo es onírico, lóbrego, denso. Introyección de trauma vívido, que se cierne sobre mis tentaciones y redenciones.

 Difícil es mi condena, pues entre cuervos, gatos negros y damas asustadizas, el gusano se transforma en oda y la oda en mi tragedia, elegante y lúcida.

 Soy un príncipe desposeído de mi riqueza.

  Erudito de un gran conocimiento, me dispongo a agarrar mi pluma, hermosa en su forma, transportadora de escenas. Hay dos velas encendidas a mi derecha, y una copa de absenta más abajo de esas luces. Me hallo en una biblioteca, la madera es señorial, aunque algo vieja, como mi ánima cansada de respirar. Me encuentro sentado al lado de un ventanal, la noche es exquisita en la fascinación de su manto místico, mi desvelo es su observador, ella contempla mis escritos, como a ella la adoro yo. 

 Es mi respiración entrecortada un paso de la desgana hacia la tumba. Vestido con un traje negro, como el gato que penetra las pesadillas en catalépticas, las que irrumpen para llevarme con ellas. Mi camisa es blanca, con un cuello alto y cerrado adornado con una especie de pañuelo enrollado. La pulcritud de la decencia limpia. 

 Miro hacia el ventanal, mientras toco mi corto bigote con los dedos, no pienso, me elevo.

 Me dejo llevar por el opio y la bebida de los malditos, esa hada verde, armoniosa y delicada, ardiente y degradada, desgraciada.

 Tintura opiácea que vuela melancólica.

 Siento como el tiempo se dilata, en mis pupilas se afila la visión horrible de las horas muertas y las alas negras. 

 Escucho el crujir de la madera tan penetrante, mis odios agudizan cada sonido, puedo escuchar el latir de mi vacuo órgano.

 ¡Desespero! ¡La agonía es tan punzante!

 ¡Sálvame! ¡La agonía es tan hermosa! 

 Puedo tocarla con mis manos, nebulosa en su forma.

  Los colores son hirientes... Pues negro es mi sentir, alado y picudo, yendo hacia el abismo de mi zaherir.

 Lavo mi culpa en agua fría, lo que ahogo en pena sucia.

 Es el cuarto trago de mi decadencia existencial, no puedo vivir, el terror es tan irreal que de realidad me perturba. 

 Es esta hiperestesia sangrante que se acopla al ser de mi lamento, que de tormento me anestesia, llegando a romperme en mil pedazos una y otra vez.

 Contemplo en mi delirio como un búho me escucha desde el exterior, melodioso, con esos ojos profundos. Me acerco y abro el ventanal, el frío tétrico del manto eterno congela hasta mis entrañas y atisbo a lo lejos un entierro de sombras silentes, el muerto soy yo.


Para ti, mi lector🖤🌹


"Elva R." Copyright ©️ 2026 



 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Luna


 

 Plateada en su universo estrellado, plena como el manto que la sostenía, aparecía de diversas maneras en aquella oscuridad tardía, vibrante, penetrante, oscilante.

 Danzaba en su silencio, mientras escuchaba los sonidos de la noche; los búhos, los grillos, los murciélagos que intentaban llegar hasta ella sin conseguirlo. Era soñada por muchos, mística en su esencia y adorada por las almas solitarias y profundas.

 A veces el deseo era participe de su luz, arropando la clandestinidad de los amantes que buscaban su brillo en sus calenturas, era testigo de cuerpos entrelazados, de amores, de pecados, tan sólo observando en su eje, ambientando las angustias, el terror o las ilusiones.

 Vestida de frío, permanecía esplendorosa, elegante y voluminosa.

 Para los lobos era el desahogo en aullidos, para los locos, el chispazo de lo intenso, para las criaturas era su misterio, el símbolo de lo esotérico y el aquelarre del embrujo eterno.

  La presencia sin necesidad, enamorada de la luz que se permitía regalar, sin embargo, en su soledad, era consciente de que no podría llegar al día para encontrarse con esa estrella candorosa y peligrosa que se hallaba cerca de la tierra. Ella se conformaba cuando los tres se alineaban en una sinérgica contemplación, donde se amaban en el trascender del tiempo, sin temor.


"Elva R" ©️ 2026

martes, 24 de febrero de 2026

Elva

 Entro despacio para no importunar de un modo abrupto, pues tomaré un poco de tu tiempo, ese tan valioso, sí, me tomaré esa licencia.


 Céntrate en mi imagen, una mujer voluptuosa, curvilínea, un reloj de arena vestido con una falda entubada y una camisa apretada, escotada. Cabello suelto y ondulado, deteniéndose antes de llegar al trasero, de un color casi negro, un flequillo enmarcando unos ojos alargados, casi felinos en su forma almendrada, profundos en su color verde grisáceo con un anillo alrededor de las pupilas de color ámbar, adornados de unas cejas arqueadas y marcadas, iluminados por una piel de porcelana, unos labios pequeños y carnosos, con un arco de cupido muy bien dibujado, una nariz recta y encuadrada en una cara ovalada terminando en corazón. Esta es Elva, esta soy yo;



una mujer encarnada en un papel de femme fatale misteriosa que camina en tacones, no obstante, puedo sorprenderte, porque puedo entrar en tu mente y leerte, tengo esa capacidad, si yo me observo desde fuera, puedo hacerlo contigo.


 No trato de ser un contenido anodino y lineal, simple y sin sustancia, mi cometido no es agradarte, es hacerte bajar de la cotidianidad, de un modo anacrónico y elegante, sin ataduras de las corrientes actuales. Te hallas en un nicho, porque no pretendo ser para todos, no pretendo agradar, simplemente hacer sentir, hacer pensar.


 En mi joven madurez he recorrido casi tres decadas de escritura, de amplia lectura y absorbencia de la misma; desde el decadentismo, el gótico, el romanticismo tardío, existencialismo, simbolismo psicología y filosofía, entre otros...


 Con 12 años me introduje en el mundo de las letras en modo catártico, descubriendo, un fluir de conciencia y desarrollando un análisis implícito de mí hacia el exterior. Yo no te voy a hablar lineal, mi mente de persona altamente sensible escucha profundo, ve de lejos y siente intensamente. La sinestesia es mi arma, lo abstracto mi dominio, tu inteligencia y paciencia tu poder; siempre hay un mensaje, tan sólo hay que saber ver...


 He vivido en el abismo del trauma, he estudiado la mente y desenredado la maraña. La hiperlucidez es mi castigo, yo contemplo, disecciono, comprendo y escribo.


 Me gusta la belleza que no todo el mundo aprecia, lo estético de la elegancia, la cultura y el arte, por eso no soy de consumo rápido, soy densidad, complejidad, porque lo que explora no es fácil. Quiero dejarte frases como anclajes y que puedas sentir la atmósfera, oler, saborear, tocar... Quiero que me entregues tu mente por unos minutos.


* Soy consciente de la falta de atención actual y de lo instantáneo, por eso mis textos son cortos, por eso van señalizados por capítulos, para que puedas seguir leyendo si te apetece, mientras tanto te construyo un mundo paralelo y diverso en su coherencia.


  Mírame a los ojos que te he descrito, permítete ser, ser comprendido por una desconocida que ha participado en diversos certamenes bajo seudónimos. Este es tu espacio, no te pido que me compartas, simplemente que me conozcas, que te conozcas. Porque hoy en día todos escriben, pero pocos transmiten, muchos leen, pero pocos entienden.


 Seamos orgullosos, si estás aquí, es por algo.


 Bienvenido, me despido,

 cerraré lentamente.


"Elva R" ©️ 2026



lunes, 23 de febrero de 2026

Carmín

 

 Me encontraba en ese pasillo, en una oscuridad tenue, ya que había un resquicio de luz que salía de la ventana del cuarto de baño. Era la luna contemplando mis deseos, los de no querer formar parte de este mundo.

 Había una caja de pastillas en mi mano, unos somníferos que me harían dormir eternamente. 

 La bañera estaba preparada, emanaba un olor calido a hierbas, quería que mi relajación fuera profunda, tanto, que la sangre se impregnara de ellas, y en esa dulzura yacer deliberadamente, fría en un baño sin lágrimas, elegantemente melancólica.

 Me miré al espejo; la serenidad de mis ojos en su reflejo, la trampa de la vida que no es vida en un escenario de terciopelo, tan suave, tan frágil, tan aparente...

 Mis labios en carmín rojo besaron el cristal, era un adiós a mí misma, ya no habría despertar.

 El final era tan desconcertante... El reloj parecía temer detenerse en esta alegoría decadente del ser que no quiere seguir siendo.

 Sufrimiento, corría por las venas el desespero que crecía cada vez más, había que cortar.

 Me introduje en la bañera, con una canción de fondo, tan sensual como la espera de mi inframundo.

 Ya dentro, tomé una pastilla, y empecé a mirar el agua y mis muñecas sumergidas, no, no había salida.

 El pecho... Caliente, sofocado, agobiado. La inseguridad, angustia, anhelo y deseo entremezclado, era la parca de mi alma que me atrapaba, pero no podía, no podía, y volví a tomar otra dosis de sueño.

 Mi mente empezó a bailar, era el néctar de la intriga, del paso a dar.

 Agarré mi muñeca izquierda, mientras mis pupilas se agrandaban en ceguera, y pude atisbar a lo lejos, en ese hueco de luminiscencia, como alguien me acompañaba. En soledad esa presencia me juzgaba.

 Era su cara delicada, ataviada en palidez nocturna, sus cuencas tétricas y sombrías, de dónde salía tierra, la que agarraba con sus manos huesudas, y su boca... Su boca cosida, intentando abrirse en un esbozo sin salida.

 El horror se apoderaba de mis entrañas, no había escapatoria, lo que iba a ser una lipemanía agónica y liberadora, se había transformado en una pesadilla delirante, 

 ¡Vivir! ¡Quiero vivir! 


 Eso grité mientras me vi a mi misma allí...

 

 

"Elva R." ©️ 2026

sábado, 21 de febrero de 2026

Mundo sumergido

 

  Las mentes ya no reaccionan a los hechos, miradas perdidas en un abismo de pensamientos, los que no pueden tener.

  Y los seres como yo se hallan escondidos en su lucidez solitaria, contemplando como el mundo se cae por el precipicio de la cobardia y manipulación.

 Todos caminando hacia el matadero sabiendo que es su final, los ojos abiertos y el alma cerrada, drogada de estímulos dañinos que no los dejan pensar.

 No es el camino correcto, no es el camino acertado, es una trampa, estáis atrapados.

 Y los seres como yo, ahogan sus lágrimas en una profunda y elegante melancolía; impotencia cruda que atraganta el corazón, empujados contracorriente, resistiendo de forma vehemente, defendiendo la razón.

 Silencio, no puedes sentir, no puedes tener criterio, húndete en tu lamento ignoto, tan sólo eres un número en este frenopático llamado vida, no tienes salida.

 Y los seres como yo, ven, se aíslan


y se encuentran.

 Cerebros sumergidos en pantallas, atolondrados en una superficialidad enferma, dopamina corre por las venas, exhausta en su inhumanidad.

 Lana que abriga al sistema, teniendo el caos.

 Y los seres como yo, aullamos en el conticinio desconcertado que nos escucha y nos une en nuestro lamento humano.

 

 

"Elva R." ©️ 2026



 Es el silencio de un todo que decir, nada simple.

 Es la condena de la incomprensión. Te invito a mi mundo, oscuro entre canciones de dolor.

 Agarra mi mano, no te haré daño, tan sólo deja que te muestre mis ojos opacos. Los arañazos marchitos de mis espinas en abrazos.

  Tiemblas de incertidumbre, es algo desconocido para ti, sin embargo, este es mi yo abriéndose en cada cicatriz.

 Es el llanto amargo que arde mojando mi pecho de su calor, humano y desgarrador.

  Contempla como mi alma brilla en esta lobreguez penetrante. Aquí hay vida, en una muerte que me pers


igue sin salida, pero soy inalcanzable.

 Son mis garras las que afilan mi fuerza, el grito callado que me atrapa en la madrugada, intenso, sordo, perdido.

 Me visto con un vestido de suspiros, etéreos y suaves en mi blancura, pétalos de emociones, sensible y leal dibujando percepciones.

 Agarra la frialdad que se desvanece entre tus dedos e inhala el humo de mis recuerdos.

 

 

 "Elva R" ©️ 2026


lunes, 16 de febrero de 2026

Bala de plata


 

Temerosa fui a cerrar el gran ventanal que daba luz a mi recamara. Era grande y redondeado, elegante en su forma, como la estancia donde yo descansaba. 

 Era de noche y el viento rugía con tal vehemencia que movía todo.

 Lo cerré con fuerza y mis ojos atisbaron a lo lejos algo moverse rápidamente, quizá fuera el aire, o mi imaginación. Yo volví a la cama, estaba exhausta. 

 La luna vestida de plata me contemplaba entre las nubes que corrían silentes en aquel espacio adornado de estrellas ancestrales, sin embargo... Algo de nuevo me hizo sobresaltar, y el corazón se subió a mi garganta sin dejarme apenas respirar. ¡Había visto a una bestia de incalculables dimensiones con mis propios ojos! Peluda, con mirada vibrante empañada en una rojez tremula... Estudiando mis proporciones, seguramente para comerme. Grité, en medio del nerviosismo grité, y aquella imagen feral, se disipó, pero estaba ahí, esperándome...

 Mi tío abrió la puerta del cuarto rápidamente, con un candelabro en su mano derecha y un sirviente detrás, intentaban no mirarme por respeto; una mujer joven, voluptuosa ataviada en un camisón largo de un rosa pálido y trasparentoso, en su lecho en el conticinio... 

 — Ari, ¿qué sucede? ¿Por qué gritas?—. 

— ¡Lo he visto tío, está ahí fuera!— decía temblorosa—. — ¿Qué hay fuera cariño?— El hombre incrédulo no sabía qué sucedía.  

— ¡El monstruo de los ojos rojos peludo! —. Decía gritando entrecortada, con respiración jadeante. — Ettore, ve a la despensa y trae agua de azahar, necesita tranquilizarse, llama al guardia y al jardinero, hay que inspeccionar la zona con cautela, avisa a Mary para darle un baño relajante a Ari. 


viernes, 13 de febrero de 2026

La roca y el viento

 

Estaba situada en lo alto de una colina, donde había un abismo entre la realidad y la fantasía; era su fortaleza la resistencia inamovible de su no sentir, sin embargo, albergaba una sensación de que se estaba perdiendo en su propia estructura. 

 Era una piedra grande, de color grisáceo y pesada, muy pesada; y allí estaba, contemplando cómo los pájaros volaban o se posaban sobre ella, sin reaccionar, tan sólo era una roca solitaria, alejada del resto del mundo.

 En su interior yacía la añoranza de lo que sería ser apreciada, no solamente utilizada de descanso o alivio para cualquier ave cansada; ella estaba viva, y la trataban como si estuviera fenecida.

 Su carácter era reservado, la protección, su silencio, sin embargo, deseaba gritar que existía, pero no se atrevía.

 En un día nublado, una ráfaga de viento se dio cuenta de su existencia; era una roca brillante, vibrante en su conformación, los pájaros la respetaban e intentaban acercarse, hasta se posaban, y se miraban en aquel brillo. Era dureza en beldad.

 El viento quería poseerla, que fuera suya en su naturaleza, y así fue como se acercó a ella intentando moverla, pero era imposible, se notaba un anclaje férreo en la tierra, sería difícil sacarla de ahí sin hacerle daño, y eso era lo que no quería, dañarla.

 Él sabía que tenía un poder elevado y que si quería podría conseguir que saliera de allí, pero, ¿cómo hacerlo sin zaherir a los demás  que formaban parte de aquel maravilloso paisaje? 

 Pasaron los días y el aire, cada vez estaba más enamorado de la roca, la ilusión de lo que podría ser y no era, de dos elementos tan diferentes... No obstante, el deseo de poder sentirse cerca de ella y de verla en un lugar mejor, no cesó, y así fue cómo con todas sus fuerzas sopló y sopló. La roca, comenzó a desprenderse intentando aferrarse al suelo, temerosa por romperse. El viento con confianza elevó su estado enérgico y por fin pudo arrancarla por completo, moviéndola ligeramente, cuidándola desde su voluntad, la estaba salvando de la soledad. 

 La gran piedra estaba con miedo observando un mundo que no había visto antes: árboles en flor, el verdor de los prados, animales pastando y casas. Fue la primera vez que se sintió eufórica, más viva que nunca. 

 Se tranquilizó y comprendió todo; el aire la estaba llevando a otro lugar, donde realmente debería pertenecer.

 En efecto; suavemente el viento la fue recolocando a la salida de un bosque donde los árboles eran enormes, el sol no podría dañar su belleza ni opacar su brillo, la sombra podría cuidarla, y el río, los pájaros y animales acompañarla. El viento por allí a menudo pasaba, así que podría admirarla y acariciarla, porque realmente la amaba.


Y así fue como la roca y el viento se compenetraron; fortaleza y dualidad, tierra y aire, en su afinidad.



"Elva R." ©️ 2026


domingo, 8 de febrero de 2026

Vulnerable

 

 Esa fue la última conversación, tras un episodio extenuante; desvalorización, insultos, inversión de culpa e información utilizada para generar un cambio de foco. Rona había vivido una última vez de intentos de manipulación, ya no más. Es por eso, que decidió no responder a los mensajes de Víctor, sin dramas, sin reclamos, sin reproches, ya se había marchado, y lo más importante; sin saberlo Víctor, que seguía escribiendo, intentando restaurar lo que había hecho. 

 Una disculpa justificada, con un realce de características previas para restaurar lo sucedido, sin perder centralidad; eso había llevado a cabo él. Rona respondió dando las gracias por la disculpa, pero ya estaba fuera de ese ciclo, sólo faltaba encontrar la ocasión para marcharse definitivamente, y la encontró, a los tres días de haber sucedido el conflicto, pudo irse sin decir adiós, porque conocía aquello, porque sabía que no era amada, sino, utilizada para regular un ego, una autoestima vulnerable, que cada vez tenía más hambre.

 Estuvieron tres días más hablando; primero vino el seudo cierre del vínculo. Al ver que Rona volvía a no responder tras la disculpa.

 Al segundo día, hubo un diálogo normal, y al tercero, comenzó la triangulación para generarle celos e incertidumbre, así que, Rona, se despidió deseando buen viaje y no volvió a escribir. Él también se despidió, pero Rona no entró a ver sus mensajes tras cinco días, Víctor tampoco volvió a escribir.

 Y así pasaron los días; ella cuidando su mente, ocupada, haciendo ejercicio y recuperando el sueño que las recurrentes borracheras de Víctor les había quitado. Su cuerpo curvilíneo y voluptuoso, se encontraba cansado, sus ojos grisáceos empezaban a mostrar signos de agotamiento, y era momento de recobrarse y reencontrarse. Ella no sustituyó, se valoró y se respetó. No se vengó, no difamó, no se fue con dolor, sino, con liberación, aunque ese hilo invisible seguía tirando de vez en cuando.

Víctor ya estaba hablando paralelamente con otra mujer; una mujer muy diferente a Rona, una mujer accesible, fácil, en el sentido de adquisición, un suministro puente de regulación instrumental, podría triangular con ella y generar celos a Rona, pero, él sabía que Rona era estratégica, sabía que era psicóloga y que justamente trataba estos temas, así que tendría que ir con cuidado, hilando una narrativa que suscitase el impacto deseado; su ego estaba activado y necesitaba mostrar que era válido, que era deseado y admirado, pero, sin hacerlo demasiado evidente, sin darse cuenta de que, justamente eso, iba a romper todo definitivamente. Tejió una tela de araña, con una triangulación simbólica bidireccional; publicaciones para ambas, Tavi, que así se llamaba la otra mujer instrumental, recibiría el mensaje de captación, y Rona, el de incertidumbre y arrepentimiento. 

"Elva R." ©️ 2026



martes, 3 de febrero de 2026

Carrusel

 Era un carrusel antiguo, de madera, de color negro, donde giraban al ritmo de una melodía unos caballos azabaches.


 En la noche, uno de los caballos observaba al exterior; estaba cansado de dar vueltas y vueltas, de sentirse preso, sin poder galopar, sin poder disfrutar de la naturaleza. Se preguntaba cómo sería la sensación de pisar la tierra, el olor de los árboles, alejado del viejo barniz que daba brillo a su condena.

 Ya se encontraban parados, la gente se había ido.

 En el conticinio adornado de estrellas, el caballo curioso cada vez se sentía más vivo internamente, más deseoso de salir de aquel bucle. Sus compañeros no decían nada; él a veces se sentía confuso, porque no sabía si podían albergar emociones como él.


 Atisbó una estrella fugaz y pidió un deseo: poder soltarse de aquello a lo que estaba aferrado y, de repente, en ese instante místico, comprobó que podía moverse… Era una sensación extraña; había rigidez en sus patas, pero, aun así, pudo articularlas. Una emoción cálida afloraba desde lo más profundo de su ser, ya que notaba por primera vez cómo un corazón latía, cómo en él había energía, y así, con un batir acelerado y emocionado, rompió el poste que atravesaba su cuerpo y comenzó a galopar. No podía creerlo; daba vueltas sobre sí mismo, movía la cola, relinchaba, y tras esa felicidad se paró por un segundo, viendo que sus compañeros también podían salir de ahí. Sin embargo, no se movían; estaban vivos y seguían fijos en el tiovivo. El caballo atrevido se acercó a ellos, incrédulo, intentando animarlos a salir; sin embargo, no hacían caso y seguían allí, pétreos y temerosos.

 El corcel decidió salir al trote; no podía esperar más.

 Respiraba el petricor; se hallaba perplejo ante tanta hermosura. Estuvo parado un rato, notando cómo algo caliente bajaba de su abdomen: era un líquido rojo vibrante, vívido. No entendía lo que estaba sucediendo. ¿Por qué le ocurría eso? Cayó al suelo a consecuencia de una terrible debilidad.

 Su sueño se había cumplido, tras años de espera; sin embargo, ya era tarde.

 


Los sueños se persiguen sin dejar pasar el tiempo; las limitaciones se aceptan. Lo que se desea puede ser una trampa si no está consolidado con la capacidad. Si pierdes el tiempo soñando, puede ser demasiado tarde.

“Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo.”
Goethe

“Elva R.” ©️ 2026


domingo, 1 de febrero de 2026

Hombre B #3

 Estaba ahí, mirando tarots. Sus manos eran finas y tenía las uñas pintadas de rojo, como sus labios. Podía percibir el olor de su perfume, dulce y atrayente, tal como parecía ser ella.

 Me llamó mucho la atención que estuviera en una tienda esotérica observando tarots. ¿Era tarotista? No lo sé. Lo que sí percibía en ella era un misticismo que me envolvía.

 Agarró un tarot y se dirigió a pagar; tuvo que pasar por mi lado. Sus ojos de joya se cruzaron con los míos: eran potentes, penetrables; sentías como te atravesaban y te desnudaban el alma. No pude aguantar la mirada.

 —He visto que no tenéis un oráculo que ando buscando, ¿me lo podéis pedir? —dijo ella con una voz endulzada en beldad.

—Sí, no hay problema, podemos traerlo. Dime tu número de teléfono para avisarte y tu nombre; te llamaremos en unos tres días —respondió la dependienta—.

 Su nombre: Elara Noctis. Tan misterioso como ella. Pude memorizar su teléfono; no podía dejarla escapar así, sin más. Tenía que hacer por conocerla.

 Yo había adquirido una vela negra, sólo por coger algo y ponerme a su lado. Ella me miró, parecía extrañada, o al menos esa impresión me dio. No dijo nada, pero nuestras miradas se volvieron a cruzar. Me ponía nervioso y me costaba disimularlo: Estoy acostumbrado a ocultar emociones, forma parte de mí; mi sistema no puede mostrarse. Mi vulnerabilidad es mía, y si la muestro, es para crear vínculo de dependencia y manipulación activa, utilizando la empatía del otro como regulador de mi yo. Así podía generar dependencia y hacer pensar a la otra persona que me estaba salvando o que podría lograrlo con el tiempo. Sin embargo, era imposible: Mi identidad ya estaba creada en base a validación externa, porque desde pequeño no tuve un eje referencial sólido en mi primer apego; no hubo permanencia de objeto, y tenía que buscar atención y colocarme una coraza para tapar mi herida.

 Elara se despidió muy amablemente. Era muy educada, y noté en ella una pronunciación y un vocabulario culto. La sentí como un espejo, porque yo hablaba así; era algo distintivo de mí, una superioridad intelectual que podía usar para cualquier conveniencia.

Salió de la tienda. Pagué ansioso y salí tras de ella.

"Elva R." 2026 ©️ 


El gato

 Negro brillante encarnado en su destino solitario y sofisticado. Silente, con unos ojos alargados, felinos, de un verde intenso, brujo. En ...