martes, 3 de febrero de 2026

Carrusel

 Era un carrusel antiguo, de madera, de color negro, donde giraban al ritmo de una melodía unos caballos azabaches.


En la noche, uno de los caballos observaba al exterior; estaba cansado de dar vueltas y vueltas, de sentirse preso, sin poder galopar, sin poder disfrutar de la naturaleza. Se preguntaba cómo sería la sensación de pisar la tierra, el olor de los árboles, alejado del viejo barniz que daba brillo a su condena.

 Ya se encontraban parados, la gente se había ido.

 En el conticinio adornado de estrellas, el caballo curioso cada vez se sentía más vivo internamente, más deseoso de salir de aquel bucle. Sus compañeros no decían nada; él a veces se sentía confuso, porque no sabía si podían albergar emociones como él.


Atisbó una estrella fugaz y pidió un deseo: poder soltarse de aquello a lo que estaba aferrado y, de repente, en ese instante místico, comprobó que podía moverse… Era una sensación extraña; había rigidez en sus patas, pero, aun así, pudo articularlas. Una emoción cálida afloraba desde lo más profundo de su ser, ya que notaba por primera vez cómo un corazón latía, cómo en él había energía, y así, con un batir acelerado y emocionado, rompió el poste que atravesaba su cuerpo y comenzó a galopar. No podía creerlo; daba vueltas sobre sí mismo, movía la cola, relinchaba, y tras esa felicidad se paró por un segundo, viendo que sus compañeros también podían salir de ahí. Sin embargo, no se movían; estaban vivos y seguían fijos en el tiovivo. El caballo atrevido se acercó a ellos, incrédulo, intentando animarlos a salir; sin embargo, no hacían caso y seguían allí, pétreos y temerosos.

 El corcel decidió salir al trote; no podía esperar más.

 Respiraba el petricor; se hallaba perplejo ante tanta hermosura. Estuvo parado un rato, notando cómo algo caliente bajaba de su abdomen: era un líquido rojo vibrante, vívido. No entendía lo que estaba sucediendo. ¿Por qué le ocurría eso? Cayó al suelo a consecuencia de una terrible debilidad.

 Su sueño se había cumplido, tras años de espera; sin embargo, ya era tarde.

 


Los sueños se persiguen sin dejar pasar el tiempo; las limitaciones se aceptan. Lo que se desea puede ser una trampa si no está consolidado con la capacidad. Si pierdes el tiempo soñando, puede ser demasiado tarde.

“Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo.”
Goethe

“Elva R.” ©️ 2026


domingo, 1 de febrero de 2026

Hombre B #3

 Estaba ahí, mirando tarots. Sus manos eran finas y tenía las uñas pintadas de rojo, como sus labios. Podía percibir el olor de su perfume, dulce y atrayente, tal como parecía ser ella.

 Me llamó mucho la atención que estuviera en una tienda esotérica observando tarots. ¿Era tarotista? No lo sé. Lo que sí percibía en ella era un misticismo que me envolvía.

 Agarró un tarot y se dirigió a pagar; tuvo que pasar por mi lado. Sus ojos de joya se cruzaron con los míos: eran potentes, penetrables; sentías como te atravesaban y te desnudaban el alma. No pude aguantar la mirada.

 —He visto que no tenéis un oráculo que ando buscando, ¿me lo podéis pedir? —dijo ella con una voz endulzada en beldad.

—Sí, no hay problema, podemos traerlo. Dime tu número de teléfono para avisarte y tu nombre; te llamaremos en unos tres días —respondió la dependienta—.

 Su nombre: Elara Noctis. Tan misterioso como ella. Pude memorizar su teléfono; no podía dejarla escapar así, sin más. Tenía que hacer por conocerla.

 Yo había adquirido una vela negra, sólo por coger algo y ponerme a su lado. Ella me miró, parecía extrañada, o al menos esa impresión me dio. No dijo nada, pero nuestras miradas se volvieron a cruzar. Me ponía nervioso y me costaba disimularlo: Estoy acostumbrado a ocultar emociones, forma parte de mí; mi sistema no puede mostrarse. Mi vulnerabilidad es mía, y si la muestro, es para crear vínculo de dependencia y manipulación activa, utilizando la empatía del otro como regulador de mi yo. Así podía generar dependencia y hacer pensar a la otra persona que me estaba salvando o que podría lograrlo con el tiempo. Sin embargo, era imposible: Mi identidad ya estaba creada en base a validación externa, porque desde pequeño no tuve un eje referencial sólido en mi primer apego; no hubo permanencia de objeto, y tenía que buscar atención y colocarme una coraza para tapar mi herida.

 Elara se despidió muy amablemente. Era muy educada, y noté en ella una pronunciación y un vocabulario culto. La sentí como un espejo, porque yo hablaba así; era algo distintivo de mí, una superioridad intelectual que podía usar para cualquier conveniencia.

Salió de la tienda. Pagué ansioso y salí tras de ella.

"Elva R." 2026 ©️ 


Carrusel

 Era un carrusel antiguo, de madera, de color negro, donde giraban al ritmo de una melodía unos caballos azabaches. En la noche, uno de los ...